La temporada de eclipses siempre trae un movimiento fuerte, y no es casualidad que muchos sientan que algo se está removiendo.
Este fenómeno ocurre dos veces al año y tiene un rol muy claro: reordenar lo que está fuera de lugar.
¿Qué significa “reordenar”?
Imaginá que sos una habitación. Con el tiempo, se va acumulando polvo, cosas fuera de lugar o muebles que ya no encajan.
El eclipse entra, abre las ventanas y ordena todo. Puede ser incómodo, porque ese reacomodamiento no es suave ni gradual: es un sacudón que acomoda según lo que sos hoy y lo que venís transitando en tu proceso personal y espiritual.
¿Por qué puede sentirse tan intenso?
Porque es un aluvión de energía y códigos de luz. Y nuestro cuerpo lo recibe aunque no lo entendamos con la mente. Por eso aparecen síntomas como:
- Dificultad para dormir o sueño muy liviano.
- Dolores de cabeza, presión en el entrecejo o sensación de “irrealidad”.
- Cansancio, fatiga, alergias o comezón en la piel.
- Procesos de depuración física: digestivos o urinarios.
- Aparición de recuerdos o vínculos del pasado que vuelven para cerrarse definitivamente.
En este año nueve, donde la energía ya de por sí nos invita a cerrar ciclos, el movimiento se siente todavía más fuerte y sin precedentes.
El corazón y la mente como receptores de luz
El cerebro y el centro cardíaco son los que más reciben este caudal energético. Por eso podés sentirte sobrecargado, ansioso o con emociones a flor de piel. Pero lejos de ser un “castigo”, es un proceso de expansión y actualización energética.
¿Cómo atravesar este tiempo?
Lo más importante es recordar tu humanidad.
Estar presente, enraizado, aquí y ahora. No exigirle al proceso que sea “lindo” o “fácil”, porque la transformación muchas veces incomoda. La clave está en acompañarte con amor y buscar recursos de autocuidado: descanso, agua, contacto con la naturaleza, escritura, respiración.
Energías globales en movimiento
Además de lo personal, también lo colectivo se mueve. Lo que vemos en el mundo, en nuestro entorno y hasta en los vínculos más cercanos, responde a la misma energía que nos atraviesa.
La Tierra está recibiendo impactos de viento solar y fuego plasmático que amplifican esta sensación de intensidad.
Nada de lo que sucede está aislado. Todo lo que ves adentro tuyo y todo lo que pasa afuera es parte de este gran reordenamiento energético.
